Inseguridad Alimentaria
1 de cada 5 niñas y niños vive en hogares que con inseguridad alimentaria moderada-severa
Indicador publicado por primera vez en marzo del 2024
Última actualización del indicador en enero del 2026
La inseguridad alimentaria se refiere a la "disponibilidad limitada o incierta de alimentos nutricionalmente adecuados y seguros"[1]. Este indicador tiene un impacto significativo en la vida de niñas y niños, y se asocia negativamente con diversos indicadores de bienestar. Nutricionalmente, la inseguridad alimentaria se relaciona con peor salud, dietas de menor calidad y un mayor consumo de alimentos altos en energía, grasas y azúcar[2]. Además, se vincula con problemas de conducta, bajo rendimiento escolar, mayor ausentismo y retrasos en el desarrollo del lenguaje.
Temas relacionados
Este indicador se basa en la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), propuesta por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura[3] y aplicada en Chile por Casen desde 2017. La FIES mide el acceso a la seguridad alimentaria y captura la gravedad de la situación alimentaria en los hogares. Experimentar inseguridad alimentaria leve se manifiesta como preocupación en el hogar por disponer de alimentos suficientes, no poder comer alimentos saludables y nutritivos o comer poca variedad de alimentos por falta de dinero u otros recursos. La inseguridad alimentaria moderada afecta la calidad o cantidad de los alimentos en función de prolongar su duración. En términos concretos, se manifiesta en saltarse alguna comida, comer menos de lo que pensó que debía o quedarse sin alimentos en el hogar por falta de recursos. La inseguridad alimentaria severa, por último, se presenta cuando, a pesar de sentir hambre, no comió o no haber comido en todo un día por falta de dinero.
En el presente indicador, la inseguridad alimentaria moderada y severa se estiman de manera conjunta debido a la alta fluctuación de la situación de los hogares en los últimos 12 meses. Por ello, si bien el primer gráfico de evolución temporal visualiza las tres categorías, en los cruces por variables sociodemográficas se grafica únicamente la inseguridad alimentaria moderada-severa.
Conclusión
Experimentar inseguridad alimentaria en la niñez tiene efectos en el bienestar general. Se han documentado efectos en salud, debido a su asociación con el consumo de alimentos altos en grasas, azúcares y calorías, como también en la conducta y en el aprendizaje, en cuanto está relacionado a peor rendimiento escolar, un aumento en el absentismo escolar, entre otros[2].
Los datos revelan que, en el año 2024, 1 de cada 5 niñas y niños vive en hogares con inseguridad alimentaria moderada-severa, es decir, en hogares que en los últimos 12 meses tuvieron que reducir la cantidad o la calidad de los alimentos o sintieron hambre y no pudieron comer por falta de dinero. Esta situación se agrava particularmente para las niñas y los niños nacidos fuera de Chile, para las y los que se identifican con algún pueblo originario y para aquellos que viven en hogares de menores ingresos.
En general, se observa un aumento entre 2017 y 2020, que puede ser atribuido tanto a la pandemia producida por el COVID-19 como a la crisis económica posterior, y luego una disminución, alcanzando en 2024 cifras similares a las de 2017. Sin embargo, esta disminución ha sido más lenta para algunos grupos. Es importante hacer frente a la inseguridad alimentaria de los hogares, sobre todo considerando las altas tasas de malnutrición por exceso que se observan en Chile y las consecuencias que esta tiene para la niñez.
Sobre los datos
La encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen), encargada de medir la pobreza en Chile, mide cinco dimensiones que permiten analizar la presencia de carencias no necesariamente económicas en los hogares. Esta encuesta se aplica cada dos o tres años en una muestra representativa de hogares a nivel nacional y regional
Desde el 2017, se aplica la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES, por sus siglas en inglés), propuesta por la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
La FIES considera que un hogar experimenta inseguridad alimentaria leve cuando hay preocupación por disponer de alimentos suficientes. La inseguridad moderada implica que se comprometa la calidad o cantidad de los alimentos para aumentar la duración de estos e inseguridad severa se experimenta cuando habría una disminución del consumo de alimentos en el hogar por falta de dinero. Se opta por medir inseguridad moderada y severa de manera conjunta por la alta fluctuación que pueden tener los hogares en los últimos 12 meses.
La FIES se mide a través de encuestas nacionales a nivel de hogar. Por un lado, esto establece una medición imputable a todos los miembros, dado que la experiencia de quedarse sin alimentos afecta al grupo familiar en su conjunto. Sin embargo, al monitorear la inseguridad a nivel de hogar y no directamente mediante encuestas a niños, niñas y adolescentes (NNA), existe el riesgo de subestimar la medición en el caso de la niñez, pues no se captura su experiencia completa.
Referencias
[1] Fram, M.S., Bernal, J. and Frongillo E.A. (2015). The Measurement of Food Insecurity among Children: Review of literature and concept note, Innocenti Working Paper No.2015-08, UNICEF Office of Research, Florence.
[2] Fram, M. S., Ritchie, L. D., Rosen, N., & Frongillo, E. A. (2015). Child Experience of Food Insecurity Is Associated with Child Diet and Physical Activity. The Journal of Nutrition, 145(3), 499–504. doi:10.3945/jn.114.194365
[3] FAO. (2016). Métodos para la estimación de índices comparables de prevalencia de la inseguridad alimentaria experimentada por adultos en todo el mundo, FAO.
FAO (2015). Modeling Food Insecurity in Bivariate and Regression Analyses, FAO.